Protección solar en verano

errores

comunes que ponen en riesgo tu piel

Publicado en: 15 de enero de 2026  y atualizado en: 16 de enero de 2026
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El verano invita a disfrutar del sol, la playa y las actividades al aire libre. Sin embargo, también es la época del año en que aumentan los daños cutáneos asociados a la radiación ultravioleta (UV). Aunque muchas personas usan protector solar, lo hacen de forma incorrecta o mantienen hábitos que reducen su efectividad. Identificar los errores más comunes es clave para proteger la piel y prevenir consecuencias a corto y largo plazo.

Uno de los errores más frecuentes es aplicar una cantidad insuficiente de protector solar. Los dermatólogos recomiendan aproximadamente 2 mg de producto por cm² de piel, lo que equivale a unos 30–35 gramos (un “shot” lleno) para cubrir todo el cuerpo de un adulto. Usar menos reduce significativamente el nivel real de protección, incluso si el factor de protección solar (FPS) es alto.

Otro problema habitual es no reaplicar el protector solar con la frecuencia adecuada. El sudor, el roce con la ropa, las toallas y el contacto con el agua disminuyen su efectividad. La recomendación general es reaplicar cada dos horas y siempre después de n adar o transpirar intensamente, incluso cuando el producto indique ser “resistente al agua”.

También es común confiar solo en el protector solar y descuidar otras medidas de fotoprotección. El uso de sombreros de ala ancha, lentes de sol con filtro UV, ropa con protección solar y la búsqueda de sombra en las horas de mayor radiación (entre las 11:00 y las 16:00) son acciones complementarias fundamentales. El protector solar no debe ser la única barrera frente al sol.

Un error especialmente riesgoso es pensar que en días nublados o con temperaturas moderadas no es necesario protegerse. Hasta un 80% de la radiación UV puede atravesar las nubes, por lo que la piel sigue expuesta incluso cuando el sol no se siente intenso. Lo mismo ocurre durante actividades cotidianas como caminar por la ciudad o conducir.

Muchas personas además olvidan zonas sensibles como orejas, cuello, empeines, labios y contorno de ojos. Estas áreas reciben radiación directa y, al no estar protegidas, son propensas a quemaduras, envejecimiento prematuro y lesiones cutáneas.

Finalmente, es importante considerar el uso de productos vencidos o mal almacenados. El calor excesivo puede alterar la composición del protector solar y disminuir su eficacia. Revisar la fecha de vencimiento y conservarlos en lugares frescos y protegidos del sol es una práctica esencial.

La protección solar no es solo una cuestión estética, sino una medida de salud. La exposición solar acumulada aumenta el riesgo de cáncer de piel, fotoenvejecimiento y manchas. Adoptar hábitos correctos y sostenidos durante el verano —y durante todo el año— es una inversión directa en el bienestar y la salud de la piel a largo plazo.

Fuentes

Este material es sólo para fines informativos. No debe ser utilizado para realizar el autodiagnóstico o la automedicación. En caso de duda, siempre consulte a su médico.
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